Botas, calzado de poder

La historia recuerda que en 1860 la actriz estadounidense Adah Isaacs Menken hizo su entrada triunfal a un escenario atada con tiras de cuero a un caballo. Gracias a un poeta que gustaba ser flagelado y a un fetichista austriaco el cuero adquirió erotismo. No faltó mucho para que el pie femenino se cubriera con él.

Como la moda va y viene, a veces están en la escena, a veces no. Pero para un fetichista de las botas, ese calzado no es una moda sino un poderoso estimulante del apetito sexual. Hoy, ver mujeres con botas altas no es raro, no causa sorpresa y para muchos ni siquiera resultan atractivas. Para comprender por qué algunos hombres las veneran es necesario abrir la puerta que lleva al fetichismo, al complejo de Edipo y a simbologías oscuras.

Un fetiche es un objeto hacia el cual se desvía la libido. El fetichista de botas puede llegar a excitarse solamente con ver a personas vistiéndolas, escuchar el taconeo, ponérselas o quitárselas con placer, usarlas durante el acto sexual, frotarlas en una zona genital, besarlas y limpiarlas. Para la psiquiatría, el fetichista es quien no puede gozar del sexo sin el objeto mismo. ‘Uno verdadero llega al extremo de no necesitar a la persona para excitarse, le basta con ver o tocar la prenda, aunque nadie la vista’, dice la psicóloga Julissa Martínez, experta en sexualidad.

Se cree que esta parafilia -conducta sexual en la cual el placer no se encuentra en el acto copulativo propiamente, sino en alguna otra actividad- se presenta cuando de muy joven el sujeto comienza a descubrir el sexo. Las circunstancias en las que este descubrimiento se desarrolle lo lleva a relacionar el placer sexual con ciertos objetos o características de la fisionomía humana. Y aprender a alcanzar el clímax orgásmico en determinadas condiciones, puede convertir a éstas en factores imprescindibles para seguir sintiendo placer en posteriores encuentros.

Largo camino en tacones

La asociación del cuero con la actriz Menken tal vez hubiese pasado inadvertida si no la hubiera visto el poeta inglés Charles Swinburne, habitual de salas de flagelación del Londres victoriano. Tal fue su agrado que le dedicó un ardiente poema a la diva: Notre Dame de Sept Douleurs (Nuestra Señora de los Siete Dolores) que, según el historiador Edward Shorter, se convirtió en todo un himno para los masoquistas de entonces.

Un poco más adelante, hacia 1870, el novelista e historiador austriaco Leopold von Sacher-Masoch, de quien se deriva el término masoquismo, vistió a su cruel heroína de novela, Wanda, con pieles y botas altas. Por medio de dominatrices como ella, este calzado se transformó en símbolo de dominio y poderío femeninos, atractivos para hombres sumisos, según estima Shorter.

Luego Emile Zola en su novela Thérèse Raquin menciona, aunque de manera pasajera, que su personaje Laurent le besa la bota a su amante, tal vez la primera asociación de sexo con cuero y botas en la literatura occidental. No tardó la idea en llegar a la pornografía. Aparecieron en revistas de ese género imágenes de mujeres con botas, sobre todo en Inglaterra. De hecho, al sadomasoquismo se le conocía en Francia como la maladie anglaise, o el mal inglés.

Los años 20 vieron a Berlín convertirse en la capital del fetichismo. La mayoría de prostitutas usaban corsé y botas altas. Louis Royer, un novelista francés, escribió ‘su pasión (de los clientes) son las botas, su libido se agita cuando ven a las mujeres paseándose por su área de asfalto. Quisieran acariciar las botas con sus dedos enamorados, olfatearlas, lamerlas’. Al mismo tiempo el pintor Rudolf Schlichter plasmó imágenes de mujeres severas, vestidas con bodices, flagelo en mano y botas altas. Si no fue el primero, fue de los pioneros en crear un fetiche que lejos de perder potencia se mantiene tan fresco como en aquellos tiempos.

Luego vendría Betty Page, la reina del pin up. A pesar de no lucir demasiado severa en sus fotos, sus imágenes vestida de cuero, con látigos y botas se convirtieron en todo un estilo que habría de marcar a la historia del erotismo y que tuvo eco incluso en revistas como Bizarre, dedicada por entero al tema, publicada por el fetichista y sadomasoquista australiano John Willie. Ya en pleno siglo XX el fotógrafo del glamour y erotismo, Helmuth Newton, habría de convertirlas, junto con los tacones, en accesorios imprescindibles de la piel desnuda de sus modelos. Haberlo publicado en Playboy y en su libro White Women dejó una impronta imborrable en el erotismo y la pornografía para siempre.

Hoy la bota como fetiche se ha convertido en un signo público: lo ves en anuncios, revistas de moda, en el cine y el teatro. Sin embargo, su potencial como seña de poder no se ha perdido. Como cantaba Nancy Sinatra, a mediados de los años 60: ‘Well, these boots are made for walking, and that’s just what they’ll do / One of these days these boots are gonna walk all over you’ (‘Estas botas fueron hechas para caminar, y eso es lo que harán / Uno de estos días estas botas caminarán por encima de ti’).

Fuentes: Licenciada Julissa Martínez, psicóloga, Written in the Flesh, a History of Desire, de Edward Shorter, University of Toronto Press, 2006.
www.lyricsdepot.com


2 comentarios para “Botas, calzado de poder”

  1. boty jj, dice:

    Soy fetichista de botas desde muy niño, ahora me explico el porqué, a pesar un poco del tema, no tuve tanta intensión para buscar muchas fuentes que hablarán de esto, pero si supe que lo que guardaba en su interior era fascinante y maravilloso, saber la historia y todo entender lo que significa ser fetichista es genial, es que no hay nada mas provocador que ver una mujer autoritaria, fuerte y hermosa, luciendo unas largas botas de cuero y tacón alto, muchas gracias por pensar en los que somos algo diferentes, me gustaría hablar con gente que le apasione este tema, la verdad no conozco a nadie, para compartir anécdotas o cosas así, saludos….

    1. Jay Boots dice:

      Espero no sea tarde para responderte este mensaje, ya que hace bastante tiempo no veía este genial artículo, pero cuando lo hacía; nadie comentaba nada, debo decir que es gratificante saber que más personas compartimos esta gran pasión por el fetichismo de botas, tampoco he podido tener ninguna tertulia o charla con alguien a quien le guste este tipo de temas, sería interesante conversar sobre anécdotas y demás situaciones que diferente a los demás, vivimos en nuestro diario vivir de fetichistas; y debo decirte que me paso igual, desde niño me volvía loco por este objeto trivial e inanimado con tanto poder, ahora que veo mujeres por la calle luciendo arrebatadamente bellas este artefacto de placer, reconozco lo sumiso e indefenso que me vuelvo, saludes amigo

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